Alumna: Camila Ortuz Lessa
La
enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es un trastorno común con una
prevalencia alta de 10%-20% en el mundo occidental (Badillo et al., 2014) [1].
Esta es una condición que se desarrolla cuando el reflujo con contenido
estomacal produce síntomas problemáticos y/o complicaciones (Moraes-Filho,
2012) [4]. La prevalencia de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)
incrementa con la edad: pacientes mayores son más propensos a desarrollar una
enfermedad más grave (Poh et al., 2010) [5]. Este trastorno se manifiesta con varios
síntomas que pueden ser agrupados en típicos, atípicos y síntomas extra-esofágicos.
Aquéllos con la más alta especificidad para la ERGE son regurgitación ácida y
acidez (Badillo et al., 2014) [1]. En pacientes de la tercera edad los síntomas
incluyen disfagia, vómitos, y problemas respiratorios (Poh et al., 2010) [5].
Ante la ausencia de síntomas de alarma, algunos de estos síntomas pueden servir
de guía para que uno realice un diagnóstico presuntivo e inicie una terapia
empírica. En algunas situaciones, es necesario realizar pruebas diagnósticas
para confirmar el diagnóstico, así como para evaluar las complicaciones o causas
alternativas de los síntomas. Las complicaciones de la ERGE incluyen esofagitis
erosiva, estenosis péptica, esófago de Barret, adenocarcinoma esofágico y
enfermedad pulmonar. El manejo de la ERGE puede involucrar un cambio en el
estilo de vida del paciente, terapia médica y terapia quirúrgica (Badillo et al.,
2014) [1]. De igual manera, el tratamiento para la ERGE atraviesa múltiples
retos. Primero, la ausencia de síntomas no tiene correlación con la ausencia o
la curación de lesiones esofágicas. Segundo, los inhibidores de la bomba de
protones, el actual tratamiento estándar para la ERGE, son inefectivos en la
mayoría de los pacientes con ERGE que padecen de enfermedad por reflujo no
erosiva. Existen tratamientos no convencionales, incluyendo la melatonina,
acupuntura, botánica, e intervenciones en la dieta (Lyn, 2011) [3]. Los cambios
en el estilo de vida que incluyen pérdida de peso y/o elevación de la cabeza al
dormir han demostrado mejorar el pH esofágico y/o los síntomas de la ERGE. La
terapia médica incluye la supresión de ácidos que puede ser alcanzada con la
administración antiácidos, antagonistas de receptores de histamina o de la
bomba de protones. Aunque en la mayoría de los pacientes la terapia médica es
efectiva, en algunos otros se requiere de cirugía antirreflujo después de
someterse a una evaluación preoperatoria adecuada (Badillo et al., 2014) [1].
Los pacientes que son irresponsables o no responden al tratamiento de 4-8
semanas con inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol,
rabeprazol, lansoprazol, esomeprazol, pantoprazol-Mg) podrían tener la
denominada ERGE refractaria (Moraes-Filho, 2012) [4]. La ERGE refractaria puede
presentarse ante una incompleta o nula respuesta a la terapia con inhibidores
de la bomba de protones (IBP). Este trastorno es claramente impulsado por los
pacientes, que se presentar con una amplia gamas de gravedad y frecuencia de
síntomas durante el tratamiento con IBP. Los supuestos mecanismos para la ERGE
refractaria incluyen reflujo levemente ácido, reflujo
gastroesofágicoduodenal/biliar, hipersensibilidad visceral, retraso del
vaciamiento gástrico, la comorbilidad psicológica y trastornos funcionales
concomitante del intestino (Fass et al., 2008) [2].
Referencias:
1. Badillo
R, Francis D. Diagnosis and treatment of gastroesophageal reflux disease. World
J Gastrointest Pharmacol Ther. 2014 Aug 6; 5(3): 105–112.
2. Fass R,
Gasiorowska A. Refractory GERD: what is it? Curr Gastroenterol Rep. 2008 Jun;
10(3):252-7.
3. Lyn
Patrick ND. Gastroesophageal Refux Disease (GERD): A Review of Conventional and
Alternative Treatments. Altern Med Rev 2011; 16(2):116-133.
4.
Moraes-Filho JP. Refractory gastroesophageal reflux disease. Arq Gastroenterol.
2012 Dec; 49(4):296-301.
5. Poh CH,
Navarro-Rodriguez T, Fass R. Review: treatment of gastroesophageal reflux
disease in the elderly. Am J Med. 2010 Jun; 123(6):496-501.
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